Un aullido por Félix

Cuando era pequeño no tenía ni idea de que Félix pudiera no ser inmortal.

Tampoco sabía que yo iba a ser fotógrafo de naturaleza, ni que un día un lobo me iba a regalar un momento y una foto como la de Félix (bueno, la foto me la regaló mi amigo David).

No tenía ni idea de que yo iba a escribir un libro, ni de que Benigno Varillas haría el prólogo, y en él, aparecería Félix.

Tampoco sabía que a partir de ese libro yo crearía la «Escuela de Guardianes», para llevar a colegios y hospitales historias de animales con las que inspirar a los niños.

A niños como yo, que fui inspirado por Félix, como tantos y tantos otros que hoy son naturalistas, biólogos, cineastas, guías de naturaleza, escritores…

Y es que el mensaje de Félix no iba de animales, sino de hombres. No importaba tanto los años que viviera, sino cómo los iba a emplear. Y lo que hizo fue troquelarnos a muchos, para que años después hiciéramos lo mismo con otros tantos. «El Hombre y la Tierra» (primero el hombre).

40 años después, Félix sigue siendo inmortal.

Hoy que vivimos momentos difíciles nos damos cuenta a marchas forzadas y con dureza de la importancia del equilibrio natural, de la optimización de recursos, y del sentido colectivo de la vida (todo nos afecta a todos, y solo juntos podremos).

Gracias Félix, por tanto. Y gracias a todos los que han recogido el testigo por seguir intentando dejar «mejores hijos a nuestro mundo».

Saldremos sí, aunque espero que ni el mundo ni nosotros seamos ya nunca más los mismos.

Un aullido,
Ramiro Díaz.